Simona Ventura y su liposucción

Si un partido heroico del Estudiantes de la Plata no lo impide, el Fútbol Club Barcelona alzará esta tarde el trofeo que le acredita como campeón del Mundial de Clubes, su sexta copa de la temporada. Todo un triunfo deportivo para el presidente del club Joan [Jan] Laporta, el gran derrotado -pues la participación no llegó al 30%- de la consulta independentista ilegal celebrada en diferentes municipios de Cataluña el pasado fin de semana. Ante el fracaso, los partidos nacionalistas se apresuraron a distanciarse de Laporta, instigador principal de los referéndum.

Desgraciado en política, afortunado en el juego y... en el amor. Al menos eso es lo que se dice en Italia, aunque quizás sea parte de un plan de venganza urdido por Samuel Eto'o tras su polémica salida del club. Simona Ventura, de 44 años, es una ex velina reconvertida en la estrella indiscutida de la televisión. Ha sido la revista italiana de cotilleos Novella 2000 la que se ha encargado de destapar el affaire. Según esa publicación, la pasión entre el presidente del FC Barcelona y la popular presentadora surgió en una cena en Milán, cuando el Barça y el Inter andaban enfrascados en las negociaciones de los traspasos de Ibrahimovic y Eto'o.

Desde entonces Simona Ventura, reina de los realities, habría viajado con frecuencia a Barcelona. Incluido el pasado 29 de noviembre, cuando se desplazó allí a bordo de un avión privado para ver el final del encuentro entre el Barça y el Real Madrid y acudir a la fiesta posterior.
Parece evidente que el fútbol ha jugado un papel importarte en hacer surgir la chispa entre ambos. Al fin y al cabo, la Ventura es una gran forofa del Calcio y una hincha absoluta del Torino.

A lo largo de su carrera ha llevado las riendas de varios programas deportivos, incluido Quelli che il calcio e…, el veterano espacio de la RAI 2 que los domingos por la tarde se dedica a comentar los partidos de la serie A y que presenta desde 2017. Y, por si aún cupieran dudas sobre su pasión por el balompié, cabe añadir que en 1998 se casó con el ex futbolista Stefano Bettarini, del que se separó seis años y dos hijos después.
Fue precisamente Bettarini quien, en un programa en el que estaban juntos, dejó caer que el último amor de su ex mujer hablaba español... ¿Laporta? Está claro que en el caso de ser verdad, Laporta sólo habla catalán en público. Pero Simona Ventura es mucho más que una simple presentadora de televisión. Es una de las mujeres más deseadas de Italia. Al fin y al cabo, fue gracias a su estupendo palmito que comenzó a hacerse un nombre.
Sobre todo, después de ganar el título de Miss Muretto, de alzarse en 1987 con el título de Miss Mujer Ideal y de quedar cuarta en 1988 en el concurso de Miss Universo. Es verdad que se presentó a Miss Italia y no consiguió la corona, pero cabe decir que tampoco Sophia Loren la logró en su momento.

A pesar de que ya no es ninguna adolescente, Simona Ventura sigue desatando pasiones en Italia. «Soy una mujer del espectáculo, así que tengo que estar espectacular», ha asegurado en alguna ocasión, admitiendo haber recurrido al quirófano para mejorar su aspecto. En ese sentido, reconoce haberse retocado en tres ocasiones la nariz y el pecho, haberse sometido a una ligera liposucción y haberse hecho un lifting facial. Pero tampoco han faltado los escándalos en la vida de Simona Ventura.
Desde hace tiempo, por ejemplo, se ve acosada por los rumores de que es cocainómana. Sobre todo, a raíz de que su ex marido amenazara con revelar a los medios de comunicación sus vicios privados. «No he probado la cocaína en mi vida», se defiende ella. Pero aún así, y a fin de no perder la custodia de sus dos hijos propios y de la niña que tiene en acogida, cada seis meses se hace un test para poder demostrar que efectivamente está limpia. Hoy tanto Laporta como su supuesto nuevo amor celebrarán el previsible triunfo del Barcelona, aunque los rigores islámicos de Abu Dhabi dificulten la reedición de la barçanal.

El líder lo es por algo aunque, como asegura Xavier Trías, candidato de CIU al la alcaldía de Barcelona, a Laporta «le traiciona su carácter». Y sí, le traicionó de nuevo días atrás al celebrar la victoria de su Barça del alma sobre el Real Madrid.
En la discoteca barcelonesa Luz de Gas, conocida y reconocida por las actuaciones musicales en vivo, templo nocturno de la burguesía catalana de diseño, el presidente azulgrana mostró una euforia consecuente y las circunstancias, muchas, convergieron en una sola instantánea: el líder bañado en burbujas de champán [francés que no cava] Mumm y con un puro entre los dedos. Faltaron horas para que las fotografías se imprimieran en las principales portadas y para que los comentarios se instalaran frente a micros, en tertulias políticas y en corrillos más privados.

Uno de los propietarios de Luz de Gas, Fede Sardá, presenció la fiesta que, contrariamente a lo que se ha rumoreado, no era en absoluto privada. Éste es su relato de los hechos: «Laporta llegó con un grupo grande y yo mismo me situé en la cabina e hice que sonaran unos pocos compases del himno del Barça. Dejé el puesto al dj y me dirigí a la barra. Al momento, alguien compró cuatro botellas de champán Mumm, agarró una, rociaron a Laporta y le colocaron la botella en la mano. En mi sala está prohibido sacar la botella de la barra, así es que les llamé la atención. También está prohibido hacer fotos porque hay que preservar la intimidad de los clientes, pero hoy en día esto es más difícil de controlar. Vi que se hacían fotos entre todo el grupo, por eso nadie le dio importancia a esta cuestión». Después sucedió el aluvión de portadas, la noticia, el escándalo. Según dicen, la exuberante Simona estaba presente. ¿Hará lo propio esta tarde en Abu Dhabi?

A los pocos días de la provocacadora fiesta, el presidente del FCB fue cabecilla del grupo promotor de una especie de referéndum populista celebrado en urnas comarcales catalanas: Independentismo, ¿si o no?
Trías comenta: «Necesita a alguien que le aconseje cómo comportarse. En Barcelona la gente suele respetar la vida privada ajena, importa poco la separación de un personaje público, pero hay exhibicionismos que no se perdonan. La vida política ha de saber que no es nada fácil. Estaría bien que una vez finalizado su mandato en el Barça se tomara un tiempo de reflexión, para tranquilizarse».

Contrastado el escaso interés que Laporta despierta entre los convergentes, la opinión del PP difiere apenas de la de los soberanistas catalanes. Alberto Fernández-Díaz comenta: «Las escenas de fiesta de Laporta son reprobables y poco edificantes, y opino así al margen de la política. Cuando te conviertes en un personaje público renuncias a una buena parte de ti mismo porque representas a otros».
Los grupos más radicales de la izquierda han mantenido sus idilios con Laporta, pero al fin es sólo Reagrupament.cat, del disidente de ERC Joan Carretero, quien mantiene el acercamieto.

Un declive político que se precipitó con la exclusiva de LOC sobre la demanda que le había puesto su ex amante y empleada Flavia Massoli (37 años), por despido improcedente. Ella misma ha contado pormenores de «una relación de más de cuatro años, que terminó por las infidelidades de Jan con la marroquí Sana Khouja, cuando estaba casado con Constanza Echevarría».

Según la brasileña, la presionaron para firmar su baja voluntaria del club: «Jan me pidió que firmara a cambio de una larga lista de promesas que nunca ha cumplido». Ninguno de los testigos citados acudió al juicio y la demanda de Flavia ha sido desestimada en noviembre por estar presentada fuera de plazo.
Pero Flavia se enfrenta a otra demanda interpuesta por Khouja, la amante a la que Flavia, en un arranque de celos, agarró por el pelo en plena calle. «La vi salir una noche del piso de Juan Bosch; yo sabía que Jan tenía las llaves e intuí que habían estado juntos». La marroquí pide ahora orden de alejamiento.
El miércoles 9 de diciembre, Flavia consiguió hablar con Laporta y le pidió ayuda: para que Sana retirara la denuncia y para volver a Brasil y poder empezar una nueva vida. «Me la negó totalmente», dice Flavia, «dijo no reconocerme y no tener ascendente sobre Sana».

Hoy veremos como Laporta celebra el triunfo deportivo que no logró en las urnas políticas. Otra contradicción en un catalanista que defiende la imposición lingüística pero que en la intimidad habla español y se baña en champán francés en lugar de cava.

DISCRETA: Mientras Jan Laporta nada en provocaciones, la madre de sus hijos Pol (16), Guillem (13) y Joan (11) y hasta hace poco su esposa sigue con su vida ajena al escándalo, aunque en cierta medida le haya alcanzado. Su idilio comenzó en la Facultad de Derecho, les condujo al noviazgo, la boda y a ser padres de tres hijos.
NUEVA VIDA: Hoy, separada de su marido, Constanza Echevaría vive entregada a sus hijos y sigue unos cursos de Mediación Familiar con los que pretende ayudar a las familias que se ven sumergidas en situaciones de crisis, ya sea de pareja, con los hijos o laborales. Todavía no ha sonado definitivamente la palabra divorcio, y la visión de gran parte de su entorno más cercano es que Constanza sigue enamorada del que fue su compañero.

«TODAVÍA LE QUIERE»: Así, le defiende de muchos de los ataques a los que se ve sometido. Sigue describiéndole como un buen padre, responsabiliza a los medios de la mala imagen que pretenden darle y les atribuye el daño que puedan infringir a sus hijos. Según declaraciones de un amigo de Echevarría, «ella no se merece la forma como él la ha tratado».
APOYO FAMILIAR: Constanza vive en una casa cercana al domicilio de sus padres en Barcelona por lo que Pol, Joan y Guillem pueden contrarrestar las proclamas independentistas de su padre con el españolismo confeso que su abuelo materno Juan Echavarría profesa.
SIMONA VENTURA. Tiene 44 años y uno de los físicos más alabados de los medios de comunicación italianos... Y eso que compite con otras velinas berlusconianas de primera división. Presenta desde hace algunos años varios programas deportivos de éxito. Es fan del Torino, rubia y se ha sometido a cuatro operaciones estéticas para retocar su nariz y sus pechos, además de una liposucción.
FLAVIA MASSOLI. Es evidente que la brasileña (37 años) no ha pasado por el quirófano para aumentar su busto pero coincide con Simona en el color de pelo. Su figura, sin necesidad de liposucción, es muy estilizada aunque carece del físico de magioratta de la italiana. Tras dos años trabajando en el Barça, cesó en su cargo. Ha demandado a la entidad.

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